Sin duda alguna está es una de mis películas cristianas favoritas. Y alguien se preguntará ¿cristiana? Pues bien, te invito a leer este artículo y que me sigas en este pequeño viaje por los detalles que nos evocan unos profundos valores cristianos.
De cara a las navidades del año 1990 las productoras Hughes Entertaiment y 20th Century Fox llevaron a los cines la película «Solo en Casa» protagonizada por un muy niño, Macaulay Culkin, quien después de esta película se convertiría en una estrella infantil a nivel mundial.
La película fue un éxito rotundo. Contó con un presupuesto de 18 millones de dólares y reventó las taquillas alcanzando cifras de 476 millones de dólares en recaudación.
Sinopsis
El pequeño Kevin McCallister es el típico niño que está siempre enmedio enredando. Un chaval contestón y redicho. Un poco como la oveja negra de la familia.
En medio de las rivalidades con sus hermanos, Kevin se pelea con su hermano mayor y genera un caos en la cocina poniendo todo perdido al tirar las bebidas de la mesa.
Colmado el vaso, nunca mejor dicho, Kevin es castigado a dormir en el desván. «Desterrado» y solo, tiene que pasar la noche al margen del resto de la familia. La escena termina con Kevin enfadado tras discutir con su madre, diciendo: «Ojalá desaparecierais todos». Y deseo concedido.
A la mañana siguiente, una avería en el tendido eléctrico provoca que las alarmas de los relojes no suenen y la familia se queda dormida hasta que es despertada por los operarios de la empresa de transporte que les tenía que llevar al aeropuerto. Y se desata el caos.
En medio de las prisas, todos corren como pollos sin cabeza para salir como un rayo al aeropuerto para no perder el avión a París.
Una serie de carambolas y casualidades resultan en que la familia se olvida de Kevin, que se despierta en una casa completamente solo.
Y a partir de ahí, se prende la mecha de la comedia que nos cuenta las peripecias de Kevin desde la sorpresa de ver cumplido su deseo de estar sólo hasta los peligros que se presentan en forma de ladrones que andan alrededor buscando a quien devorar.
La soledad de una libertad vacía
Muchas son las cuestiones que nos plantea la película a través de los ojos de Kevin. La falsa sensación de libertad es una de ellas.
Kevin al verse sin sus padres, cree sentirse afortunado por poder hacer lo que le da la gana, todas esas cosas de adultos que tenía prohibidas. Piensa que la felicidad es no tener que dar cuentas a nadie.
Sin embargo, a medida que pasan los días la soledad hace mella y la libertad ya no resulta novedosa. Es la antesala de la nostalgia. Echa de menos a su familia. Poco a poco entiende que la respuesta a lo que de verdad quiere es el amor y la aceptación con su familia, la restauración y la reconciliación…
Pero por encima de todo, está película navideña está llena de reminiscencias de Jesús y de su mensaje, los cuales pasamos a comentar.
Kevin, la oveja negra perdida
El evangelio de Lucas nos dice que Jesús para responder a las murmuraciones de los fariseos que le acusaban de recibir a pecadores y juntarse con ellos, les dijo:
«¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido» (Lucas 15:4-6).
Y así vemos como la madre, Catherine O’Hara en el papel de Kate McCallister, deja a toda la familia tan pronto que aterriza el avión en Francia, el «redil».
La madre deja a esas «noventa y nueve ovejas» que son su familia, y emprende una fatigosa odisea de viajes imposibles y penosos hasta llegar a encontrar a esa oveja negra y pecadora que se había extraviado. Moviendo cielo y tierra para llegar a donde está su hijo, con la esperanza de encontrarlo sano y salvo.
Y cuando se produce el reencuentro, la felicidad se desborda en forma de lágrimas, mientras un intenso abrazo mutuo consuela y aplaca el cúmulo de inquietudes que albergaban sus corazones.
Alguno pensará: «¡Claro! ¿cómo no iba a hacer una madre eso por su hijo?» Y es cierto. Pero precisamente ahí Jesús nos ofrece una imagen aún más profunda: como buen pastor, las ovejas que oyen su voz son su rebaño, y entre ellas está también la descarriada. A quienes formamos parte de ese rebaño nos concedió el privilegio de ser llamados hijos de Dios. Así nos mira Él: como hijos extraviados por los que estuvo dispuesto a mover cielo y tierra —literalmente— para venir a nuestro encuentro.
Sin duda, este mensaje que está presente a lo largo de toda la cinta.Como dice el salmista: «Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Con todo, Jehová me recogerá» (Salmos 27:10). Y eso nos lleva a un personaje secundario pero vital en el desenlace del destino de Kevin: el señor Marley.
El hombre despreciado que trae salvación
En la película se nos presenta al viejo Marley, interpretado por Roberts Blossom, un hombre desaliñado, de pocas palabras, al que la gente rechaza, le hace de menos o directamente le escapa. Su imagen carente de atractivo superficial recuerda a la que se nos describe de Jesús en Isaías 53:2 cuando dice: «Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos».
Este personaje es una sutil representación de Jesús.
La primera vez que aparece en la película lo hace esparciendo sal para derretir la nieve de las calles. Es alguien que va abriendo un camino a los hombres, para que puedan caminar seguros sin caerse. De igual modo, Jesús se presenta a la humanidad como «el camino, la verdad y la vida» (Juan 14:6), y es quien abre un camino seguro a la humanidad para que cualquiera «que anduviere en este camino, por torpe que sea, no se extraviará» (Isaías 35:8).
La segunda vez que sale este personaje, Kevin se encuentra con él pero aterrado por las historias que sus hermanos le habían dicho sobre él, es presa de los prejuicios y huye de delante de él. Es como ese rechazo con el que el pueblo de Israel recibió a Jesús cuando el Evangelio de Juan nos dice que «A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron» (Juan 1:11).
La tercera vez que se encuentran ambos personajes es en el interior de una tienda cuando Kevin estaba haciendo unas compras. El señor Marley se para al lado de Kevin y pone su mano en el mostrador de cristal.
En esta toma se puede ver que la mano del señor Marley está vendada y que tanto en la palma como en el dorso tienen restos de sangre. Es decir, una herida que sangra por ambas caras, fruto de algo que ha atravesado la mano. La misma marca en la mano de un Cristo ya resucitado.
Kevin se asusta y vuelve a huir sin pagar la compra. Se produce una persecución de un policía y aunque Kevin logra escapar, cuando acaba la escena, se dice a sí mismo: «soy un criminal».
Evidentemente, esto sería el equivalente al efecto que produce en el hombre el encuentro con Cristo, darnos cuenta de que somos pecadores.
El cuarto encuentro se produce en las horas previas al ataque de los ladrones. Kevin pasa por delante de una iglesia preciosa, exquisitamente cuidada y decorada con motivo de la navidad.
Nada más entrar en la iglesia, un coro canta el himno «O Holy Night». Y nada más cruzar la puerta de la iglesia se oye el verso: «Fall on your knees» invitando a Kevin a arrodillarse ante Dios para pedirle su ayuda. Y allí está el señor Marley. Ambos cruzan sus miradas y el señor Marley se acerca a Kevin y tras desearle feliz Navidad, le dice:
«Tú eres mi vecino, ¿no? Puedes saludarme cuando me veas. No debes tener miedo. Hay mucha leyenda negra sobre mí, pero nada de eso es verdad. ¿Me crees? ¿Has sido bueno este año?».
Como si Jesús estuviese a la puerta llamando al pecador. Y Kevin empieza a confesar sus malas acciones y arrepentirse de cómo ha tratado a su familia. Y se despiden con un apretón de mano. La mano herida. Ambos se despiden diciendo que ha sido un placer conocerse.
El quinto encuentro, vemos al señor Marley salir al rescate de Kevin cuando los ladrones ya lo tienen acorralado y el desenlace se veía fatal. Pala de nieve en mano, el señor Marley deja ko a los dos ladrones. Lo salva y lo lleva a casa. Como si fuese ese salvador personal que se preocupa de sus pequeños, a quienes cuida, protege y salva.
Los ladrones
Representan la amenaza, el peligro. Antes de que se produzca el asalto final de los ladrones, hay una escena en la que Kevin se cruza con este par de delincuentes y se da cuenta de que ellos son una amenaza para él.
Los ladrones empiezan a seguir a Kevin que huye y se refugia en la iglesia. Cuando los ladrones ven que Kevin se ha refugiado en la iglesia se produce una conversación entre ellos muy interesante que dice:
– «Habrá entrado en la iglesia.
– Yo ahí no entro.
– Yo tampoco.
– Vámonos de aquí».
Es como si la escena quisiese transmitir la limitación del mal cuando uno está bajo la protección de Dios.
La enseñanza
En definitiva, «Solo en casa» no será una película cristiana en el sentido estricto, pero sí una historia profundamente atravesada por ecos del Evangelio.
A través de la soledad de Kevin, del amor incansable de una madre que no se resigna a perder a su hijo, y de la figura inesperada de un salvador despreciado que irrumpe cuando todo parece perdido, la película nos recuerda una verdad central de la fe cristiana: nadie está tan lejos como para no ser buscado, nadie es tan pequeño como para no ser protegido, y nadie está tan perdido como para no ser encontrado.
Y la lección que nos recuerda es que Dios sale al encuentro del hombre, lo rescata en su fragilidad y lo devuelve a casa.
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