Muy pocos conoceríamos las preciosas calles y plazas de Hamelín, de no ser por la siniestra historia del aquel lejano flautista.
Para nosotros ha llegado en forma de cuento infantil, recreado por los hermanos Grimm, era una de las muchas leyendas medievales que circulaban en territorio germánico. Y, como siempre ocurre en estos casos, el imaginario colectivo fue transformando los hechos iniciales y concretos, hasta convertirlos en relatos fantásticos, con diversas versiones que dificultan enormemente la conexión con el suceso real y originario.
El enigmático flautista, vestido de llamativos colores y tocado con un peculiar gorro rojo, existió en realidad. Que un día desaparecieron del pueblo de Hamelín 130 jóvenes, (no niños impúberes como relata el cuento), parece totalmente cierto, y que ese día concreto fue el 26 de junio 1284 también, según consta en distintos documentos. Asimismo tampoco ofrece muchas dudas que aquel individuo hacía sonar un instrumento de viento, aunque en vez de flauta es probable que se tratase de algún tipo de gaita.
Para unos adolescentes humildes e ingenuos, que vivían faenando el campo y cuidando el ganado como hacían sus padres y abuelos, el 26 de junio (fecha en que se celebraba San Juan y San Pablo), representaba el inicio del verano y era acogido con esa mezcla de inquietud y alegría con que siempre
la juventud recibía las fiestas anuales.
Según las versiones infantiles: hubo una plaga de ratas, el flautista apareció por el lugar y se ofreció a desratizar el pueblo, mediante el encantamiento que a los roedores producía su música; habiendo realizado con rotundo éxito su trabajo la corporación municipal se negó a pagarle la cantidad
prometida y en represalia se llevó a los niños.
¡Un cuento inquietante y descorazonador! Que ha sugerido múltiples interpretaciones.
Algunos estudiosos han querido asociar el hecho con la Cruzada de los Niños, o con alguna otra, pero contrastando las fechas no coincide con ninguna y menos con la de los niños, que tuvo lugar decenas de años antes.
Como suele ocurrir, la versión más plausible se debe a las personas que con mayor rigor y dedicación han estudiado el tema. Por tanto la posibilidad de que el célebre flautista fuese en realidad uno de los muchos reclutadores de jóvenes que circularon por Europa durante la edad media, es la más documentada y por tanto más creíble.
¿En qué consistía el trabajo de los reclutadores? Conviene aclarar que el término “localizadores” que aparece en algunas referencias a los trabajos del Prof. Wolfgang Wann no es correcto en nuestra lengua, más bien se trataba de individuos cuyo trabajo consistía en hacer de “banderín de enganche”,
por tanto más bien podríamos llamarlos reclutadores.
Cobraban por llevar jovencitos de unos lugares a otros para colonizar zonas de Europa escasamente pobladas, generalmente hacía el Norte y al Este, puesto que el territorio que hoy es Dinamarca, así como Eslovaquia y Chequia, eran zonas en que los señores feudales necesitaban colonos y la crudeza de sus inviernos no resultaba atrayente para establecerse, ni tampoco muy aptas para la mayoría de los cultivos,
Según W. Wann aquellos 130 jóvenes que el 26 de junio de 1284 desaparecieron del pueblo siguiendo al flautista del gorro rojo, acabaron reubicados en aldeas de Morabia. Pues hay datos sobre la existencia de un pequeño pueblo cuyo topónimo era una forma eslavizada de Hamelín, aunque tampoco es descartable que algunos fuesen conducidos más al norte, según afirma el lingüista Jurgen Udolph, en base a su investigación siguiendo el rastro de los apellidos más frecuentes en Hamelin a finales del
S.XIII.
Los flautistas de Hamelín de nuestros días
Sabemos que con la misteriosa desaparición de la joven generación el pueblo quedó consternado y el nombre de dicha ciudad permanece unido para siempre a tan lamentable suceso.
¿Acaso no vemos extraordinarias similitudes entre la historia del flautista con la forma en que son trasladados actualmente muchos jóvenes desde otros continentes, incluso niños que viajan solos sin que ningún familiar les acompañe, previamente convencidos de que nuestra vieja Europa será para
ellos la tierra de Jauja?
¿No intuimos que antes de emprender ese largo e incierto viaje conocieron a un reclutador, sin flauta y sin escrúpulos, que hizo sonar en sus oídos la mágica melodía que suele encubrir todas las engañosas palabras?
¿No sospechamos que esos embarquistas, (nunca mejor dicho), son además embaucadores, que proporcionan naves a cambio de un dinero fácil y fiscalmente incontrolado?
¿Cuándo nuestros jóvenes pasan noches de interminables fiestas, les creemos tan maduros como para no caer en las redes del menudeo de drogas? ¿No barruntamos que son carne de cañón de reclutadores para encaminarlos a la drogodependencia?
En la vida de muchísimas personas hubo un 26 de junio, que quizá no fuera ni 26 ni de junio, pero fue el día en que conocieron a un “flautista” ,de carne y hueso, que les atrajo con los sones de su siniestra melodía, para después abandonarlos a su suerte…Y pensándolo bien, ¿Quién en algún momento de su vida no ha conocido un reclutador, con flauta o sin ella?
Al final, como siempre ocurre, ante todas nuestras múltiples preguntas, la respuesta la encontramos en la Biblia: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos”. (Oseas 4: 6).
Y si la estudiamos detenidamente evitaremos que nos engañen a nosotros y a nuestros hijos.
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Muchas gracias, Rosa! Muy acertada la reflexión!
Gracias mi querida Rosa .
Gloria a Dios por el discernimiento que te ha regalado .
Gracias por ser mi amiga .