Si tuvieses la ocasión de pedirle a alguien que te enseñe a cantar, tocar o a llevar el ritmo de una canción determinada, ¿a quién se lo pedirías? Lo mejor sería acudir al compositor. El compositor fue quien dio vida a la pieza, él sabe cómo debe de ser interpretada.
En las anteriores secciones vimos que “Todo tiene su tiempo”, y que “todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. ¿Qué aprendimos? Pues que entre otros muchos tiempos, hay “tiempo de nacer, y tiempo de morir”. Y que la clave está en entender que la muerte no es el final, sino el principio de una eternidad que podemos disfrutar gracias a aquel que venció a la muerte, gracias a Jesús.
Precisamente por eso podemos mirar y afrontar los últimos tiempos en esta vida de una manera muy particular, llena de positivismo y optimismo, haciendo nuestras estas palabras: “mejor el día de la muerte que el día del nacimiento. Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete… Mejor es el pesar que la risa…” Eclesiastés 7:1-3. ¿Quién puede afirmar esto?
Ahora bien, estamos en el aquí y en el ahora, no podemos vivir la vida pensando únicamente en el más allá. El tiempo corre, la banda sonora de tu vida no deja de sonar, y toca seguir el ritmo, bailar al compás, tratando de atinar con cada uno de nuestros movimientos para disfrutarla al máximo, evitando hacer el ridículo en la pista de baile. ¿Cómo puedo ser capaz de llevar el ritmo en todo momento? ¿Qué hacer cuando se pone complicado y no sé cómo moverme? Como sucede con la mayoría de los bailes, la vida está hecha para bailarla en pareja. Y se trata de encontrar la pareja idónea. ¿Quién será? Tal vez algunos estéis pensando en vuestra pareja, en algún familiar o amigo, pero no estoy hablando de eso.
Dios ha compuesto la melodía y el ritmo de tu vida
La vida, tu vida, ha sido diseñada por Dios, Él es el compositor, quien conoce a la perfección la melodía y el ritmo. Dios es el guía perfecto, el mejor bailarín. Pero lo mejor de todo es que Él quiere bailar la sinfonía de tu vida contigo. Romanos 12:2 nos dice que Dios, como creador y compositor de la vida, tiene una voluntad que es buena, agradable y perfecta para la vida de cada uno de sus hijos. Él tiene un plan para ti, un propósito. Si decides bailarla sin Él, es posible que nunca llegues a descubrirlo. Pero si decides bailarla con Él podrás llegar a conocerlo. Él es quien sabe cómo llevar el ritmo, hacia donde dirigirnos, cuando girar… y lo mejor de todo es que tiene su mano tendida por si quieres tomarla.
¿Qué pasa si hasta ahora has bailado a tu aire, o con la pareja equivocada? ¿Cómo será tu vida si has rechazado a Dios, al compositor, o si solo has contado con Él en ocasiones especiales o por interés? Dios es un Dios misericordioso. No importa si hasta ahora no le has tenido en cuenta, porque no hay otro Dios como Él, que perdona nuestro pecado. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados (Miqueas 7:18, 19), aunque hasta ahora le hayas dado plantón.
Dios sigue con su brazo extendido y su mano abierta, ofreciéndose para guiarte y dirigirte. ¿Vas a dejar que baile contigo?
Espero que la falta de tiempo, o de valor, no te impida darte cuenta de que hoy todavía estás a tiempo de tomar decisiones presentes con implicaciones eternas.
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