cena de navidad moderna
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Cuando apenas nos abandonan los calores veraniegos, cuando comenzamos a reemprender las tareas laborales y los niños van recuperando los hábitos del curso escolar, es el momento en el que al llegar
a algún supermercado encontramos una pila de cajas vacías con vistosos colores y lazadas, para recordarnos de forma inoportuna que “¡Ya está aquí de nuevo la Navidad!” y que no seamos nosotros de esos perezosos que dejan sus compras para última hora…

Porque eso es la Navidad en el mundo que nos ha tocado vivir, una vorágine de compras, cajas, bolsas, cintas, bombillas de colores según la moda de ese año y, para amenizar la espera, nos colocan un fondo musical de villancicos tradicionales.

La disolución social de la Navidad

Sin perder de vista la ilusión generalizada que produce, los días antes del Sorteo del “Gordo”, la remota posibilidad de convertirse en millonario de la noche a la mañana. Ya sabemos que, en la tarde del 22 de diciembre, casi todos seremos igual de pobres que a principios de mes, pero eso no quita para que una gran mayoría se sienta hipotéticamente rica la jornada previa.

Ese periodo de euforia, de reuniones en familia, de largos desplazamientos para fundirse en emotivos abrazos, de buenos deseos y felicitaciones, se llama “Navidad”, precisamente en alusión a la Natividad de Jesús, el Hijo de Dios. Aunque hoy son bastantes los que prefieren utilizar los términos “Felices Fiestas”, para así alejar esas fechas del aquel gran acontecimiento. Mientras otros, en el colmo de la tergiversación, tratan de llamarlas “Fiestas de Solsticio de Invierno”.

Y no dudamos de que durante el periodo magdaleniense, los habitantes de cuevas se reuniesen en torno a hogueras en aquellas largas tardes de escasa luz y mucho frío. Tampoco dudamos de que asasen algún jabalí, mientras el artista de la tribu plasmaba con trazos esquemáticos la silueta de un mamut sobre las paredes de roca. No ponemos en duda nada de eso, pero simplemente nadie nos reunimos con ánimo de recordarlos, y de imitarlos mucho menos.

Cuando la familia también roba el foco

Para lo que sí podemos reunirnos, es para conmemorar que “un niño nos es nacido, hijo nos es dado”, en palabras del profeta Isaías. Y eso es un compromiso para todos los cristianos, aunque muy bien sepamos que es mucho más posible que Jesús naciese en primavera, o bien a principios de otoño. Puesto que las gélidas noches invernales los pastores de Judea no las pasaban a la intemperie y Lucas 2:8 se refiere a pastores que pernoctaban al raso, luego el mes de diciembre no es el más probable.

Y ahora debemos poner el acento en otro error muy común en nuestra sociedad: resulta que ese nieto que hace que a los abuelos se les caiga la baba y esa hija pequeña tan deseada que nos roba el aliento , tampoco son el epicentro de la Navidad.

Colmándolos de cajas de juguetes y de caprichitos tontos durante estas fechas, solamente conseguimos desplazar lo que debiera ser nuestro centro de atención, así como ayudar a equivocar a los infantes todavía más de lo mucho que el mundo conseguirá equivocarlos.

Unas navidades con Jesús

¡No caigamos en las trampas del Siglo! A la postre, son las trampas de todos los siglos, solo que con diferentes formatos.

¡Traigamos a nuestras mesas y a nuestras conversaciones familiares al Gran Olvidado de estas fechas! En definitiva, a Ese Jesús, nacido en Belén.

No le dejemos al margen, a las puertas de los restaurantes repletos de compañeros de trabajo, festejando el no se sabe qué… Y mucho menos fuera de nuestras casas, aunque algunos de nuestros invitados no sean creyentes, porque nuestra comanda carece de días no lectivos. Gracias a Dios, nuestra tarea abarca todos los días del año.

He comprobado que en las fechas que se aproximan, muchos de los que nos evitan cuando hablamos sobre la Muerte y Resurrección de Cristo, al menos dan muestras de respeto si mencionamos su Nacimiento. Y eso lo podemos hacer con el repartidor a domicilio, con el taxista, en la churrería,
incluso con la cajera del supermercado.

Es cierto que discursos con capacidad para transformar las almas es una facultad que el Señor ha concedido a muy pocos, pero al resto no nos ha hecho tan insignificantes como para no poder mejorar en una pequeña parte nuestro entorno inmediato.

Llevemos en nuestro corazón y brote en nuestras voces las palabras de Isaías 9:6: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz».

Nada mejor para definir nuestra Navidad.

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