Un médico transporta un corazón para un trasplante
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Me gustaría que hicieses el ejercicio de ponerte en la piel de un paciente al que el cardiólogo le da una terrible noticia: “Tú corazón no funciona y necesitas uno nuevo. Si no recibes un trasplante de forma inminente, no llegarás a acabar el día de mañana”. 

Cuando recibes una noticia como esta, todo se detiene. Las cosas que nos parecían importantes se convierten en irrelevantes porque la realidad ha irrumpido en tu vida, sin pedirte permiso, con una fuerza desatada que no puedes obviar.  

Una realidad que te era desconocida y que no entraba en tus planes se ha impuesto de forma cruda  y ha vaciado de golpe las anotaciones que se acumulaban en el calendario de tareas.  

Cuando se recibe una noticia así, no sirven medias tintas ni paños calientes. Tú vida depende de ello. Estás en medio de una carrera a contrarreloj por tu supervivencia en la que además, la solución no depende de ti.  

Las personas implicadas en tu salvación

Para que tú vivas todo pasa por la aparición de un donante. Sin corazón no hay salvación.  

Pero también necesitas del concurso de una serie de personas que jueguen un rol importante en buscar y encontrar ese  corazón compatible con tu necesidad y que te lo puedan entregar a tiempo para que puedas vivir más allá de la sentencia que se cierne sobre ti. 

¿Sabéis cuántas personas hacen falta para que el corazón que necesitas para salvar tu vida pueda llegar a tiempo de salvarte? 

De media, alrededor de unas 37 personas hacen falta para realizar con éxito un trasplante de corazón.  

Unas se encargan de identificar al donante (aquí hay médicos, técnicos de análisis, administrativos…), otras de evaluar el órgano y su compatibilidad (cardiólogos, técnicos de imagen y análisis), otras participan en la extracción del órgano (cirujanos, anestesistas, enfermeros, perfusionistas), otras para transportar el órgano (conductores de ambulancia o pilotos de helicópteros, coordinadores, incluso policías que escolten y abran el tráfico), otras las que preparan al paciente (otro equipo de cirujanos, enfermeros y anestesistas) y por último las que le operan, las que le reaniman y las que se ocupan del post operatorio

El mensaje de buenas noticias

¡Cuánta gente se ha puesto a trabajar por ti! Y aquí el contraste, mientras todos ellos están movilizados, tú solo puedes esperar en la habitación del hospital y ver cómo pasa el tiempo, mientras clavas tus ojos en la puerta con el corazón en un puño y el alma en vilo, tratando que la esperanza no se convierta en desesperación, y clamas porque alguien irrumpa en la habitación y abriendo la puerta de golpe, de par en par, y grite de con emoción: “Hemos encontrado un corazón”. 

Y respiras, y tus ojos se nublan de lágrimas llenas de gratitud y felicidad, y te abrazas a aquel que te ha dado la noticia con la misma fuerza con la que te agarras a la vida misma. 

Alguien ha tenido que morir para que tú vivas. Y piensas: 

¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Romanos 10:15). Porque son noticias de vida y de esperanza. 

Pero el corazón todavía no está aquí, hay que traerlo desde donde se encuentra hasta el lugar en donde estás tú. 

La responsabilidad de aquellos que participan en el proceso

Y ahí entran en juego todas esas personas que tienen una labor y una responsabilidad en que ese corazón llegue en perfectas condiciones.  Si el corazón no llega en las condiciones en las que fue entregado, simplemente no funcionará. Por eso, el corazón debe ser conservado tal y como es, sin añadir ni quitar parte alguna. 

Todas las personas que forma la cadena tienen un cometido, un tiempo de reacción y un orden determinado. Todos tienen que estar preparados para que tan pronto acabe sus tareas el eslabón anterior, ellos puedan coger ese corazón, hacer su labor y pasárselo a los que ocupan el siguiente nivel, y así sucesivamente en cada momento hasta que el corazón llegue a ti. 

¿Cuántas personas han intervenido para traerte el mensaje de salvación de Cristo y traerte la vida eterna por el sacrificio de Cristo? ¿Eres consciente de la importancia de todos aquellos que han participado en presentarte el evangelio sin adulterar? 

Y entonces recuerdas las palabras de Ezequiel que dicen: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne» (Ezequiel 36:26). 

Y comprendes que el regalo de la vida eterna también te llegó gracias a un corazón entregado… Entregado por Cristo, quién dio su cuerpo y derramó su sangre por ti. Pero también llegó a ti gracias a las manos de muchas personas entregas a la causa que lo conservaron fielmente y lo llevaron hasta ti. 

Y te preguntas, ¿Puedo yo también ser parte de esa cadena de salvación para otros? 

Y por eso hoy estamos aquí para recordar al donante de una salvación tan grande, agradecer su generosidad en favor nuestro y decirle a Dios: Aquí me tienes para lo que quieras (1ª Samuel 3:4).

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