El apóstol Pablo escribe en Romanos 12:1-2 uno de los pasajes más famosos e inspiradores de sus epistolas:
«Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta».
Nuestra participación en el Reino de Dios es un misterio. No conocemos la obra majestuosa que nos espera a realizar cuando lleguemos a la presencia de Dios. Lo que sí sabemos es que nuestra labor allá en la gloria, depende de lo que avancemos en el Camino del Reino, aquí en la tierra. Nuestra entrega al Padre es la clave. Y este texto nos anima a ello de una manera tierna y contundente, por medio de un ruego: renuévate.
¡Qué impresionante! Una participación que nos lleva a avanzar en los caminos del Señor, sólo si nosotros queremos, por medio del ruego de la renovación. RUEGO Y RENOVACIÓN: dos aspectos que me gusta destacar.
Un ruego a no conformarse
Por un lado, el RUEGO del Señor, ya que una de las cosas que más respeta nuestro Dios es la libertad de sus hijos. Dios no fuerza nuestras voluntades, pero nos anima a entregarnos a él, siendo el rey de reyes y Señor de señores, con un ruego hacia nosotros.
Así comienza el texto con un: os ruego, por las misericordias de Dios. Unas misericordias que son nuevas cada día. ¡Qué dulzura la de nuestro hermano Pablo y la del Espíritu Santo a cada una de nuestras vidas! Es la voz de un padre tierno hacia su pequeño: «Venga, hay que levantarse, toca esforzarse un día más. Pero te ruego, que te entregues a mí».
En 2ª Corintios 5:20 encontramos al mismo Dios, en un ruego diferente. Pablo está explicando a los corintios el ministerio de la reconciliación, a través del cual nosotros, como hijos de Dios, tenemos que rogar a los incrédulos que se arrepientan, que den el paso de entregar sus vidas a Dios. Y en la carta a los romanos nuestro hermano Pablo es usado por el Espíritu Santo para rogar a sus hermanos, ya no a los incrédulos sino a ti y a mí, para transmitir ese ruego de Dios: entregaros de nuevo a mí.
Ya os entregasteis para salvación, ahora entregaros para crecimiento, para madurez para avivamiento, para renovación. Cuando el Dios creador de cielos y tierra se acerca a ti para rogarte algo, por sus misericordias, no nos queda más remedio que escuchar y estar atentos. ESTAR ATENTOS A SU VOZ. Y, ¿qué nos pide? Avanzar en sus caminos.
¿Como?, nos podemos preguntar. ¿Cómo hago para avanzar en la vida cristiana?
Una renovación activa
Presentándonos, no conformándonos y transformándonos. Verbos que están en voz activa. Es decir, que la acción a realizar depende de nosotros.
Sabemos que, como hijos de Dios, somos asistidos por el Espíritu Santo. Pero estas acciones dependen de nosotros. Por eso es nuestro Padre el que nos ruega. Palabras que tienen que resonar en nuestra mente como acciones a realizar hoy, mañana y por siempre porque, además, son atemporales: desde el primer día de nuestra conversión, hasta el último sobre la tierra.
Me gustaría quedarme con una palabra del versículo 2: la renovación en el espíritu del entendimiento. La renovación en el Espíritu de nuestra mente no es aprender más, no es adquirir conocimiento, no es tener una mente más amplia, o saberse el orden de los libros de la Biblia, predicar de una manera asombrosa o tener tres carreras de teología (que ya las quisiera yo)… es tener una mente “nueva de nuevo”. Algo cambiante, diferente a lo anterior.
En Efesios 4:22-24 podemos leer: renovaos en el espíritu de vuestra mente, junto a 2 verbos más, de nuevo en voz activa. Se nos anima a despojarnos del viejo hombre, a vestirnos del nuevo y a ser renovados.
Al igual que cuando le conocimos, Dios no nos ofrece una reutilización de nuestro yo. Nos dio una nueva vida, de tal manera que las cosas viejas pasaron.
Ese es el sentido de la renovación interior que Dios nos pide, algo que nos lleve a avanzar cada día en sus manos, siendo alguien diferente a nuestro yo de ayer.
La palabra transformaos, que es el fin de la renovación, en griego es metamorfosis, pasar de gusano a mariposa. Así como el gusano, quizá sin saber muy bien el porqué, o lo que va a suceder, comienza a hacer un saco en el que se alojará para cambiar a otro ser, también en nuestra mente tienen que haber una renovación. Algo que nos llevará de la mano de nuestro Señor, a pasar de arrastrarnos por el suelo, a volar.
Que mi yo de hoy, no sea el mismo que ayer; y el de mañana como el de hoy, si no que haya habido una renovación en respuesta al ruego de Dios.
Si damos el paso, Él nos asiste. Y volar, siempre ha sido mejor que arrastrarse. Es una decisión, es una acción de fe, para que comprobéis… La voluntad de Dios siempre es buena, es agradable y es perfecta.
Pero hay un pago de fe para su comprobación. Bien lo sabía nuestro hermano Pablo, y no lo ocultaba. Y es que lo sufrido en su vida, no podía tapar lo que trajo de gloria al Reino, y de honra a su testimonio, que nos sigue impresionando dos mil años después.
Dios lo dejó como ejemplo de renuncia al yo, de respuesta al ruego de Dios. Seamos renovados, respondamos al ruego con nuestra acción, y volemos.
Puedes ver más artículos de este autor haciendo clic aquí.
![]()

