Dice la Real Academia: Líder: Persona a la que un grupo sigue, reconociéndola como jefe u orientadora.
Cuando Dios levanta siervos
En los tiempos del Antiguo Testamento Dios levantó a personas como Moisés, Josué o los jueces, a los que el pueblo de Israel debía seguir. Eran verdaderamente líderes o caudillos.
Dios, de vez en cuando, atendiendo a las necesidades del pueblo y cuando escuchaba su clamor arrepentido, llamaba a una persona para que encabezase un avivamiento espiritual y les librase de sus enemigos dirigiéndolos en las batallas. Una característica común a todos ellos era que aquel cargo no era vitalicio, ni hereditario.
El juez, ya fuese profeta o no, actuaba durante un determinado período de tiempo, era el líder que dirigía las batallas hasta que se alcanzaba una paz duradera que hacía innecesaria esa figura de fuerte impronta militar y después se mantenía en una actividad civil como juez de paz en las disputas de los clanes, las tribus y las personas y como un vigía para que los valores espirituales del pueblo no se perdiesen.
El juez sabía que ‘el líder’ no era él, sino Jehová, y él solamente un instrumento temporal a su servicio.
Cuando los hombres se levantan contra Dios
Cuando llegó la etapa monárquica, y establecerse en forma de dinastías hereditarias, -una institución alejada del modelo de inicial de Dios (1ª Samuel 8:7)-, los líderes, en este caso, los reyes, príncipes y los ministros que estos nombraban para el gobierno siguieron los modelos y ejemplos de las naciones paganas.
Por lo general, cumplieron con los peores pronósticos que Dios había anticipado que sucedería por medio de Moisés y Samuel (1ª Samuel 8:11-18). Aunque hubo algunas excepciones para confirmar la regla.
La deriva espiritual y social en la que cayó el pueblo fue de tal magnitud que Dios determinó ponerle fin a ese tipo de ‘pastor’, ‘guía’ o ‘líder’, y volverá tomar personalmente las riendas en un nuevo pacto que establecería un nuevo modelo radicalmente distinto al anterior.
Dios interviene para terminar con la corrupción monárquica
El capítulo 34 de Ezequiel es clave para entender esto. En la primera parte del capítulo y hasta el versículo 8 Dios recrimina a los líderes/jefes la infidelidad en el cumplimiento de la misión de sus cargos, su despótico ejercicio del poder, su despreocupación por las ovejas que pastoreaban, y su codicia para aprovecharse de su posición jerárquica.
Así que el versículo 10 marca un antes y un después. Un cambio radical de lo que hay a lo que Dios va a establecer en un futuro, en que Dios retomará personalmente todas las facultades que había delegado en líderes, para ya no volver a entregarlas nunca más de la misma manera.
“Y les haré dejar de apacentar las ovejas, ni los pastores se apacentarán más a si mismo, PUES YO LIBRARE MIS OVEJAS DE SUS BOCAS, Y NO LES SERAN MAS POR COMIDA”.
Lo más destacable es el uso repetido que hace Dios del pronombre personal ‘YO’, que hasta el final de esa locución se emplea ni más ni menos que 15 veces. Modelo antiguo, caducado, sentenciado y acabado. Por eso encontraremos el cumplimiento en las enseñanzas de Jesús y la declaración indubitable de que el viejo modelo no será el que usará para el pastorea de los fieles y santos de su Iglesia.
El prototipo de siervo para el tiempo de la iglesia
El anciano novotestamentario no es un líder, sino un siervo de Jesucristo y de la iglesia local. En el Nuevo Testamento, en la iglesia ya no vamos a encontrar a jueces, líderes, monarcas o príncipes que van a juzgar al pueblo de Dios, sino que los más importantes personajes llevarán el título de ‘esclavos’ (doulos), cuyo principal ejemplo de este modelo es el propio Jesucristo en su condición de siervo.
El termino griego “doulos” se define así en el diccionario: “esclavo (literalmente o figurativamente, involuntario o voluntario; frecuentemente, por lo tanto en un sentido calificado de sujeción o subordinación):-esclavitud, esclavo, siervo.
Desde luego vemos que los personajes que se presentan como así mismos como Doulos no tienen nada que ver con los líderes del Antiguo Testamento en su relación con el pueblo, ni con los líderes de nuestra sociedad secular actual.
Jesús enseñó de forma clara y contundente que el modelo del líder (gobernante, juez ó príncipe que gobiernan sobre súbditos que ocupan una posición inferior a la suya) no sería el que tendría un papel en la iglesia, sino EL OPUESTO:
Mateo 20:25 “Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes (LOS LÍDERES) ejercen sobre ellas potestad (Lit. LA AUTORIDAD). 26 Mas ENTRE VOSOTROS NO SERÁ ASÍ, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro esclavo; 28 de la misma forma que el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Jesús como ejemplo supremo de pastor
Lucas, en su narración de la enseñanza de Jesús nos proporciona un matiz más: Lucas. 22:27 “Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Pues yo estoy entre vosotros como el que sirve”.
Jesús pone como ejemplo a los siervos que servían la comida en las mesas.
El jefe de la casa ha dispuesto que sus esclavos sirviesen a sus invitados en todo lo que necesitaran, y estos esclavos estaban pendientes a la señal de los comensales para traerles o retirarles los platos o la bebida, y atentos en todo momento a cualquier indicación de los que se sentaban a la mesa para satisfacerlos.
Este tipo es el modelo que Jesús quiso y quiere del siervo de Dios en la Iglesia.
Pablo escribe en 2ª Corintios sobre las condiciones de vida del ministerio que corresponde al siervo (2ª Corintios 6:3-10). Vemos que no eran las de un privilegiado con mando, ni de quien goza de una autoridad como el mundo la entiende, sino de alguien que las obtiene como recompensa por el reconocimiento del jefe de la casa. Por el esfuerzo de su servicio bien hecho aun a costa de mucho sufrimiento.
Y también podemos ver como el apóstol Pablo se presenta a sí mismo según esta norma, como ‘esclavo de Cristo y de los propios corintios’ (2ª Corintios 4:5).
La diferencia de pastorear y gobernar
Me sorprende como Pablo hace un uso estricto del lenguaje en 1ª Timoteo capítulo 3, cuando instruye sobre las características del candidato a obispo o anciano. Término que implica el deber de ser una persona de edad madura, con experiencia en el evangelio pero también en los avatares de la vida.
En el versículo 4 dice que tiene que haber demostrado “que GOBIERNA bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe GOBERNAR su propia casa, ¿cómo CUIDARÁ de la iglesia de Dios?) ¡Vaya cambio de verbo!
El obispo, anciano, sobreveedor de una iglesia debe ser reconocido por la congregación por GOBERNAR BIEN SU CASA. Es decir, que haya tenido éxito en la tarea de encaminar bien a sus hijos, como las personas más frágiles del hogar.
Aunque esa experiencia y capacitación era útil, no era equiparable a la función que tendría que desempeñar en la iglesia. En el hogar se hacía desde la autoridad jerárquica, pero en la iglesia debía lograrlo desde el servicio más humilde. Convenciendo y no imponiendo. Siendo un ejemplo a seguir, TENIENDO CUIDADO de ella.
En la casa, hogar o familia está el ámbito donde los padres tienen un amplio margen dentro de la legalidad para establecer normas que deben ser obedecidas en cuanto al trato, formación, disciplina y demanda de obediencia sobre los hijos. Los hijos pueden ser gobernados bajo las normas paternas, pero la iglesia no es suya, sino de otro.
La tarea es conseguir que los miembros crezcan y se desarrollen en obediencia a los mandamientos del dueño de la iglesia, quien los compró y liberó al precio de su sangre, para que una vez libres ya no vuelvan a ser siervos de hombres (1ª Corintios 7:23).
Contrastes entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento
Una labor importante del anciano, obispo o pastor es justamente hacerles entender esa posición alcanzada en Cristo, a costa en primer lugar del propio anciano o pastor.
Los ancianos son un cuerpo plural. El líder de Israel en el primer pacto que hemos mencionado al principio, era en cada momento una persona con un cargo único en su género y en el ejercicio de su ‘ministerio’.
Pero en la Iglesia, como apreciamos en las epístolas, los obispos o ancianos componen un cuerpo plural, junto con los diáconos, y delante de toda la iglesia (Hechos 14:23; 15:22; 20:17; Filipenses 1:1; 1ª Pedro 5:1; Santiago. 5:14).
La utilidad es obvia. Ya lo escribió Salomón en Proverbios 15:22 “Donde falta consejo fracasan los planes, con muchos consejeros se llega a buen fin.” O en 11:14, “Donde no hay una dirección sabia, el pueblo va a la ruina; pero con una multitud de consejeros encuentra seguridad.
El error de Samuel en el liderazgo
Atendiendo a las características del pastor de la iglesia, el propio Samuel, al que reconocemos como un fiel líder del ‘antiguo modelo’ en cuanto al ejercicio de su llamamiento, no podría ser un obispo en la iglesia de Jesucristo, porque no cumplió con el requisito de ser capaz de gobernar bien su casa teniendo a sus hijos en sujeción con toda honestidad.
Y además de esto hizo algo grave que no correspondía con el llamado de un juez: “Aconteció que cuando Samuel envejeció PUSO (él, no Dios) a sus hijos por jueces sobre Israel.” (1ª Samuel 8:1, 3). Es decir, cayó en la tentación de instituir un modelo hereditario ó dinástico.
En nuestros días, y también fue una tentación constante en la historia de muchas iglesias cristianas, hubo y hay ancianos y pastores en iglesias que tienen la pretensión de que sus cargos sean heredados por sus hijos, y las consecuencias han sido tan funestas como entonces.
Aquella decisión de Samuel precipitó un error contrario al modelo de Dios, aunque ya estaba en el corazón del pueblo de Israel, de pedir un rey como el de las otras naciones.
Es decir, que para tener una monarquía dinástica de facto, como la que Samuel intentó instituir a través de sus hijos, el pueblo ya prefirió tener una monarquía de iure, es decir “con todas las de la ley” como en los pueblos paganos.
En un sentido llano, que para poner a dedo un líder que perpetúe a la familia en el mando de una comunidad como un rey pero sin serlo, era preferible poner un rey con “todas las de la ley” como eran las monarquías dinásticas de los paganos.
El perro-pastor
El ejemplo más fidedigno al modelo del pastor de una iglesia cristiana, es el de un ‘perro-pastor’, y que nadie se moleste.
El ‘perro-pastor’ tiene una importante responsabilidad en el pastoreo y en la seguridad del rebaño a través de un servicio ‘no asalariado’.
Está atento a la oveja rezagada, a la perdida, a la atacada. No duda enfrentarse al lobo para defender a la oveja aunque le cueste la vida. Todo su esfuerzo consiste en lograr que las ovejas sigan al Pastor.
No tiene rebaño propio, tampoco mensaje propio. No lidera ningún grupo para que le sigan a él. Su trabajo es de empuje, no de guía. Es el Pastor quien marca las jornadas, quien busca los pastos y decide el camino. El trabajo del perro-pastor es que todo el rebaño camine con seguridad detrás del verdadero Pastor que es quien va delante.
Cuando el perro-pastor por sí mismo no puede conseguir que alguna oveja atrapada en los arbustos o en las raíces de alguna planta sea liberada y vuelva al grupo, llama con sus ladridos la atención del Pastor para que este solucione el problema donde él no puede.
La misión del perro-pastor es “entregar todo el consejo de Dios.” (Hechos 20:27, 1ª Corintios 7:10-11, 7:25; 14:36-37), no el suyo propio. Si en ocasiones entrega algo de su propia cosecha se preocupa de hacer saber que aquello proviene de él y no de Dios (2ª Corintios 2:8; 1ª Corintios 7:6; 7:12; 7:25, 35-37, 40; 2ª Corintios 11:17-19).
Además de las circunstancias, Dios conoce los corazones y el proyecto que tiene para cada uno de sus hijos. Tal vez esté probando su fe formándolo para el ministerio o usándolo de ejemplo para otros. Puede que el anciano no tenga conocimiento de lo que Dios está haciendo en aquella vida.
El perro-pastor es un guía subsidiario
Las opiniones o consejos personales basados en la experiencia sin duda son muy útiles en ocasiones. Es más, resultan muy entendibles para personas están repitiendo situaciones por las que el anciano ha atravesado antes. Sin embargo, no son en si mismas la solución definitiva a la cuestión, porque esta solo puede provenir de Dios.
Por ejemplo, Elí no se interpuso en el llamamiento de Dios a Samuel. Es más, orientó a Samuel para que mantuviera su relación directa con Dios.
Si consideramos a Jonás, vemos que Dios no le preguntó por su opinión personal sobre Nínive con respecto a lo que Dios estaba haciendo. Sencillamente le pidió que obedeciera entregando su mensaje.
Jonás acabó viéndose obligado a dejar a un lado su opinión, probablemente basada en su conocimiento y experiencia, y sencillamente obedecer. A su tiempo Dios le dio una explicación, que Jonás obcecado con sus prejuicios no era capaz de entender antes.
Según Wikipedia, el perro-pastor es:
“Cualquier perro que ayuda al hombre en el manejo de rebaños de ovejas, cabras y otros animales de granja. Hay dos tipos de perro pastor, los de guarda que se encargan de proteger los rebaños del ataque de lobos y otros depredadores y los que se encargan de guiar y controlar a los rebaños en sus desplazamientos.”
Guiar no significa que el perro de forma autónoma determine la velocidad o el destino del rebaño, sino que se trata de un guía subsidiario.
Conclusión
Por eso digo que los ‘pastores’ del nuevo modelo, el de la Iglesia en su peregrinación, anunciado en Ezequiel 34 son de este modelo ‘perro-pastor’, que sirve a las ovejas, pero no se sirve de ellas como en el modelo antiguo, cuando el pueblo estaba sujeto a ‘pastores-líderes’.
El cristiano solo tiene un Pastor, Jesucristo. Él es la máxima que sigo personalmente. Esto no supone ningún problema en reconocer, admirar y sujetarme a los hermanos que le sirven en esa función tan importante. Los ‘perros-pastores’, que pastorean bien y son una bendición para el pueblo de Dios.
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