Dios se arrepintió de crear al hombre por la maldad de su corazón
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La Biblia nos dice en el libro de Génesis que tras la creación «vio Dios lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera» (Génesis 1:31). Tan sólo 10 generaciones después, encontramos una declaración impactante: «Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón (Génesis 6:6). ¿Qué pudo producir un cambio tan drástico en la percepción de Dios al mirar su creación?  

El libro de Génesis nos da algunas claves que nos ayudan a entender el contexto de lo acontecido. Una de las más llamativas es la referencia que hace el texto a los hijos de Dios y a las hijas de los hombres (Génesis 6:2).

Existen varias teorías sobre quiénes eran «los hijos de Dios y las hijas de los hombres». Una posibilidad es que los hijos de Dios fuesen seres angelicales (Job 1:6; Job 2:1; Job 38:7; Judas 1:67) que, atraídos por mujeres (las hijas de los hombres), dieron rienda suelta a su deseo y procrearon contra naturaleza, dando lugar a los mencionados gigantes (Génesis 6:4).

Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día. (Judas 1:6)

Otra posibilidad es que los hijos de Dios fuesen descendientes de Set, y las hijas de los hombres descendientes de Caín; la unión entre la justicia y la injusticia que Dios condena (Deuteronomio 7:1-4; 2ª Corintios 6:14).

El veredicto de Dios ante la maldad humana

Cuando leemos que Dios se arrepintió no significa que Él cambie de opinión como las personas, o que el resultado de un acontecimiento se produzca de forma inesperada para Él. Tal y como dice Números 23:19 «Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta». Entonces, ¿por qué emplea esa palabra? Se trata de un antropomorfismo.

El autor de Génesis nos muestra que Jehová se arrepintió de haber creado al hombre, para hacernos partícipes del dolor tan profundo que sintió al contemplar la situación de la tierra (Génesis 6:5). Tanto es así que estuvo dispuesto a destruir por completo, al cabo de 120 años (Génesis 6:3), al hombre y a todo animal con él.

Pero, ¿Qué llevó a la humanidad a poner a Dios en esas determinación? El texto dice que los hombres se habían multiplicado (Génesis 6:1), y con ellos también lo había hecho su maldad. Sin embargo, hay una frase lapidaria que resumen el diagnóstico de Jehová: «Todo designio de los pensamientos del corazón de ellos (los hombres) era de continuo solamente el mal» (Génesis 6:5). Ante tal panorama, ¿Qué se supone que debía hacer Dios? La sentencia había sido dictada.

La esperanza de un nuevo renacer

Ante lo que podía suponer la destrucción de un proyecto fallido. De repente se produce un giro en el guion, cuando encontramos que en medio de ese contexto Noé halló gracia delante de Dios. Noé no hizo nada para merecer esa gracia de Dios. Noé halló, se encontró, con la gracia de Dios. (Génesis 6:8)

Del mismo modo, debemos entender que no hay nada que nosotros podamos hacer para ganarla. Se trata de un regalo. Pese a la maldad del ser humano, pese a nuestra propia maldad, Dios nos perdona y olvida el pecado del remanente de su heredad. ¿Por qué? Porque se deleita en misericordia.

¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. (Miqueas 7:18-19)

Dios ve nuestra miseria, nuestra condenación eterna por causa del pecado, y en lugar de exterminarnos por nuestra desobediencia nos ofrece la vida eterna por medio del sacrificio de Cristo. Como dice Romanos 5:20: «Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia».

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