Todos los días se puede aprender lecciones profundas de cosas cotidianas. Navegando en Youtube encontré un video en el que un ganadero compartía una meditación a raíz de un suceso que tuvo lugar en su granja. Dice así:
«Esta mañana hemos tenido una hermosa noticia en forma de un par de gemelos. Como puedes ver ahí detrás de mi, está la mamá oveja junto a un pequeño corderito y una pequeña ovejita. Pero quiero que os deis cuenta de algo, ¿veis lo que la mamá está haciendo allí? De alguna manera esta mañana antes de que llegase aquí, la mamá había separado a la ovejita y ahora ha decidido rechazarla.
¿Adivina qué significa esto? El pastor se llevará a casa a su pequeña ovejita, se hará cargo de ella y la cuidará mientras crece. Esto significa que va a hacer muy feliz a mi hijo pequeño, verdaderamente feliz. Porque él siempre había querido tener un corderito como mascota para cuidarlo.
Pero hay una lección en esto que yo querría compartir contigo. Algunas veces en nuestra vida, alguien que es realmente importante para nosotros, que significa mucho para nosotros, que creemos que nuestra supervivencia depende de esa persona resulta que nos rechaza, nos vuelve la espalda dejándonos solos.
No quiere que tengamos la leche que necesitamos. Ni quiere alimentarnos. No quiere cuidarnos. Incluso no quiere limpiarnos. Esta pequeña ovejita esta sucia. Ha nacido hace medio día y su madre ni siquiera la ha limpiado. Y como puedes ver la madre la está chocando y ahora ella está asustada de su madre.
Y todas las veces que nos preguntamos por qué esa persona que era tan importante para mí hizo eso, me dejó, me abandonó. ¿Por qué me han hecho daño? ¿Por qué me ha rechazado? Quizás, y sólo quizás, es porque el pastor te ha elegido para levantarte y llevarte a casa. Limpiarte y alimentarte él mismo. Y de esa manera tu tengas una íntima y cercana relación con el pastor.
Ahora mismo tengo un cordero al que hemos estado alimentando con un biberón. Tiene un año de edad y se ha convertido en un gran carnero y se comporta con nosotros como si fuera un cachorrito de perro. Voy al campo y él corre hacia mi, me quiere.
Tengo ganas de criar a esta ovejita que está ahora mismo aquí porque yo sé que cuando acabe de criarla, ella correrá hacia a mi, me amará, estará pegada a mi sin importar qué.
Así que quizás, cuando alguien te deja o te abandona y tu piensas que la vida es horrible, quizás sea porque el pastor te ha elegido para levantarte y pasar un tiempo íntimo contigo».
José, la ovejita que acabó siendo príncipe en Egipto
La historia de José, el hijo de Jacob, es la dura historia de un chaval de 17 años que se ve envuelto en una sucesión de calamidades, iniciadas por sus propios hermanos:
Una travesía que va desde sufrir un intento de homicidio (Génesis 37:20), hasta la venta como esclavo (Génesis 37:27), la deportación a una nación extranjera (Génesis 37:28), ser acusado en falso de violación (Génesis 39:7-18), ser encarcelado injustamente (Génesis 39:20), ser aparentemente olvidado y soportar la ingratitud (Génesis 40:23).
Y con todo, en esta concatenación de injusticias, la mano de Dios estuvo presente en todo momento, cuidando y preparando un plan mayor, en el que José acabaría siendo el príncipe de Egipto y salvaría a su familia de la hambruna que se cernía sobre la tierra de sus padres.
Los caminos del Señor son más profundos que los nuestros, y sus planes son más trascendentales que nuestra visión cortoplacista de la vida. A veces, Dios permite que pasen cosas para, como decía la reflexión del pastor, forjar una relación más íntima con nosotros.
Como dice el salmista: «Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá» (Salmos 27:10). Esto es una promesa, y las promesas de Dios son inquebrantables, porque por su parte, él la mantendrá siempre.
Dios ha prometido cuidar de las ovejas esparcidas
El profeta Ezequiel revela el propósito de Dios para con su pueblo, esas ovejas que han sido maltratadas por los pastores y líderes de Israel, aquellos que debían cuidarlas, protegerlas y acercarlas a la espiritualidad que Dios demanda.
«Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad.
Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas, y en todos los lugares habitados del país. En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel.
Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor. Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia». (Ezequiel 34:11-16).
Todo esta declaración, apuntaba a lo que haría Jesús. Él es el buen pastor que da su vida por las ovejas (Juan 10:11), que conoce a sus ovejas y estas le reconocen a él (Juan 10:14).
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