Soldados jugando al fútbol durante una tregua por Navidad
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El pasado 13 de diciembre, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, comentaba en una entrevista los intentos de Hungría por lograr una tregua en la guerra que mantienen Rusia y Ucrania, en la que ambos países pudiesen entablar conversaciones, intercambiar prisioneros y dar pasos de común acuerdo para resolver el conflicto.

En el último intento, Orbán lanzaba una propuesta clara y directa en su búsqueda de detener el conflicto: “Que al menos durante la Navidad, nadie debería morir en el campo de batalla. Después de todo, la Navidad trata sobre el amor, la vida, nacimiento y felicidad”.

Esta proposición parece un poco ingenua. De hecho el propio Orbán reconoce que en un escenario de guerra, la realidad anula todos estos sentimientos y deseos que evocan la Navidad. Pero también resalta que “incluso en tiempos de guerra, si ambas partes se ponen de acuerdo, puede llevarse a cabo porque hay precedentes”.

La Primera Guerra Mundial

Entre los años 1914 y 1918 tuvo lugar, la conocida como, Gran Guerra. Esta sería la primera gran guerra mundial, librada en suelo europeo.

La Triple Alianza formada por Alemania, Austria-Hungría e Italia, esta última acabaría cambiando de bando en el transcurso de la guerra, se enfrentaban a la Triple Entente formada por Francia, Reino Unido y Rusia.

Los participantes de esta guerra tenían múltiples motivos para participar y no había una única razón. Francia quería recuperar los territorios de Alsacia y Lorena que estaban en manos alemanas. Serbia quería su independencia del imperio Austrohúngaro, quienes a su vez querían vengar el asesinato de Archiduque Francisco Fernando junto a su esposa en Sarajevo. Rusia apoyó a Serbia con la vista en adueñarse de territorios orientales del imperio austrohúngaro. Alemania tenía cuentas pendientes con Francia y tras su invasión sobre Bélgica, Reino Unido decidió entrar en guerra al ver comprometido sus intereses… Al final, hasta un total de 30 países se sumaron al conflicto, apoyando a uno u otro bando.

La tregua de Navidad durante la Primera Guerra Mundial

Las penurias vividas por los soldados de ambos bandos contendientes, y la proximidad de las trincheras enemigas a lo largo de los 750 kilómetros del frente occidental de la guerra, hizo que muchos soldados de ambos bandos fueran conscientes de las miserias de sus enemigos y empatizasen con ellos al verse expuestos a las mismas condiciones: frío, barro, agonía… Pasado el fulgor nacionalista, al final sólo quedaban personas. Seres humanos expuestos a la muerte a manos de sus semejantes.

Este sentimiento de respeto por el enemigo y entendimiento provocaban escenas más parecidas a un acuerdo tácito de apariencia de guerra, que de combate total. Así se daban situaciones en las que no se atacaba durante las horas de almuerzo o de fijar las patrullas a una hora fija conocida por ambos bandos en el frente con la intención de no encontrarse con el enemigo, tal y como recoge el ensayo titulado La Tregua de Navidad de 1914 de Álvaro Núñez.

Estos comportamientos facilitaban la recuperación de heridos y muertos que yacían entre ambas líneas de combate para poder darles sepultura, e incluso se producían intercambios entre ambos bandos.

Así llegamos al 19 de diciembre de 1914, fecha en la que según el historiador Stanley Weintraub culminó de forma espontánea, en diversos puntos del frente de batalla, la que llegó a bautizarse como la Tregua de Navidad. En un momento dado, algunos soldados alemanes empiezan a entonar el himno Stille Nacht! Heilige Nacht! (Noche de paz), y a este canto de liberación se le unen desde las trincheras enemigas el mismo cantar con una lengua distinta. El Silent Night! Holy Night! o el Douce nuit! Saint nuit! empieza a oírse entre ingleses y franceses, quienes reconociendo la melodía se suman al deseo de paz. A este himno le sucedieron el célebre Adeste Fideles o Gloria y otras más.

Era un oasis en medio del horror que trascendía a los bandos, a las nacionalidades o a las causas. La señal más pura de fraternidad humana, impulsada por un sentimiento espiritual de paz y amor hacia el prójimo, que uniformado de enemigo estaba atravesando las mismas circunstancias que cualquiera que estuviera en el frente.

El 26 de diciembre de 1914 tuvo lugar un improvisado partido de fútbol entre soldados de ambos bandos. Este momento quedó inmortalizado en la prensa por medio del The Illustrated London News. Incluso se celebró un concurso de tiro, colocando una lata sobre una rama de un árbol para hacer diana.

No hay Navidad para los altos mandos militares ni para Zelenski

A los altos escalafones de la guerra no les gustó nada esta confraternización con el enemigo y en ambos bandos rápidamente se dieron consignas para reanudar la guerra. Así, en el bando británico, Sir John French prohibió que se volvieran a repetir estos comportamientos y citó a los comandantes a rendir cuentas. Por su parte, Erich von Falkenhayn dictó una orden de prohibición absoluta de confraternización con el enemigo bajo la amenaza de acusación de alta traición.

Esto supuso el cese de la tregua, y aunque algunos soldados lo quisieron intentar para las navidades de 1915, ya no estaban tan seguros de que tuviera la misma acogida. Por no decir, que ya no suponía un acto inesperado y espontaneo, por lo que los altos mandos podían redoblar sus esfuerzos para evitar que tuviera lugar.

La respuesta de Volodímir Zelenski ante la propuesta de Orbán fue en la misma línea que los altos mandos británicos y alemanes. Desde la seguridad que le brinda su posición y la lejanía que hay entre él y las líneas de batalla donde están muriendo sus compatriotas, su determinación ha sido contundente: «Ucrania no necesita mediadores como Hungría y su primer ministro Orbán. No lo dejaré entrar, ni a él ni a gente como él».

Me resulta curioso que Zelenski se arrogue la representación de todos los ucranianos cuando su mandato expiró en el mes de mayo de 2024 y en lugar de convocar al pueblo a elecciones, decretó la ley marcial para prorrogar sine die su poder. Él es Ucrania. Los intereses de los ucranianos tienen que ser por la fuerza los mismos que los que él determine. Él no quiere tregua, ni conversaciones, ni paz.

Zelesnki, al que se le acabaron los soldados y los voluntarios que se unieron a su causa por fervor patriótico, prefiere seguir secuestrando a los ucranianos en edad militar que se esconden en garajes o altillos para evitar que las patrullas de reclutadores los lleven al  frente a morir, antes de firmar una tregua que pueda llevar a la paz. Porque está claro que si tiene que movilizar por la fuerza a la gente, es porque estos no quieren luchar o que quieren que acabe el conflicto.

La Primera Guerra Mundial acabó con el 11 de noviembre de 1918, cuatro años después de esa tregua. Y de igual modo, también terminará esta guerra entre Rusia y Ucrania (más la OTAN). La cuestión es ¿Cuántas vidas más serán segadas antes de llegar a un entendimiento?

El poder transformador de la Navidad

La Navidad nos recuerda el nacimiento de Jesús (Lucas 2:10-11), la llegada de Emanuel que es Dios con nosotros (Mateo 1:23), el que salvará a su pueblo de sus pecados y nos dará la paz con Dios (Romanos 5:1). Una paz con Dios que se tiene que traducir en una paz con el prójimo (2ª Corintios 13:11).

La Navidad nos recuerda cómo el Dios invisible nos mostró su amor y ejemplo, encarnándose en la persona de Jesús, en el que pudimos ver ese deseo de paz y de buena voluntad. Un ejemplo que a su vez nos mueve a buscar la paz y el favor para con nuestros semejantes. Que nos enseñó a pedir perdón y perdonar, a amar al prójimo (Mateo 22:39) y al enemigo (Mateo 5:44), y que nos encomendó a ser perfectos, como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto (Mateo 5:48). a hablar y resolver nuestras diferencias y que nos enseñó a elevar nuestro espíritu por medio de la oración para buscar lo mejor para aquellos con los que no hay

Jesús dijo: «Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mateo 5:9). Y no hay mayor honor o reconocimiento que Dios mismo te declare hijo suyo.

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