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En el año 2010 Christopher Nolan sorprendió al mundo con el ingenioso guion, y la posterior puesta en escena, de su espectacular obra cinematográfica “Origen”, protagonizada por un reparto coral en el que destacaban Leonardo Di Caprio y Ellen Page.

     El argumento de la película trata sobre un grupo de espías de corporaciones que es contratado por un importante hombre de negocios para llevar a cabo una misión muy concreta: Introducir una idea en el subconsciente del heredero al imperio empresarial de su principal competidor, quien se encontraba en los últimos coletazos de vida y cuyo deseo era ver cómo su hijo tomaba el control y continuaba el éxito empresarial de la familia. Esa idea tendría que convencerle de que en vez de continuar con la actividad de la corporación de su padre, debía abandonar el sector y centrarse en seguir su propio camino, creando algo originalmente propio. De esta manera, sin competencia, dejaría vía libre al negocio del ingenioso conspirador, quien se haría con el mercado al deshacerse de máximo rival.

     Para que la idea funcionase, era un requisito imprescindible que el heredero creyese que la idea era suya, originalmente suya, y por eso debían crear una situación de inconsciencia del objetivo, induciéndole al sueño para poder colocar esa idea sin que se dé cuenta de que realmente ha sido manipulado. Toda esta intervención dependía de que el objetivo no se despertase hasta completar el proceso.

     Así que elegido el procedimiento, el lugar y el momento, el equipo tiene que definir y dar forma a la idea que consiga cumplir con la tarea asignada por el cliente. En una fase preliminar de “brainstorming” del equipo se proponer convencerle de que decida dividir el imperio de su padre (minuto 50). Y es que, a priori no parece mala idea ejecutar el célebre divide et impera porque tal y como nos recuerda el propio Jesús “un reino dividido contra sí mismo, […] no puede prevalecer” (Marcos 3:24). ¿Pero cómo convencer a alguien que tire por la borda algo que dispone en plenitud? ¿Cómo colocar una idea que no sea rechazada por ser demasiado ajena al sentimiento interior de uno? Porque no hay razón lógica por la que alguien en pleno uso de sus facultades haga algo tan absurdo como eso. ¡Qué necesidad hay de renunciar a lo seguro, a lo conocido y a aquello que ha demostrado empíricamente y de forma solvente su éxito y su eficiencia en el tiempo, para abrir una puerta de incertidumbre que pueda desembocar en un estado netamente peor e incluso calamitoso!

     En la cinta, los espías son conscientes de que necesitan un ardid para sortear este obstáculo, aparentemente insalvable, porque como apunta otro de los personajes, tratar de venderle la idea de dividir el imperio de su padre, de forma directa sería algo burdo. Una propuesta que “el propio Robert (el heredero) preferirá rechazar”. Así que se les ocurre que deben partir de una idea que aproveche la inercia de la propia inclinación del heredero. Un sentimiento que le evoque a algo positivo porque “las emociones positivas siempre triunfan sobre las negativas”.

     Así que, deciden implantar la idea correcta en lo profundo del subconsciente, el lugar en el que se germinan los sentimientos, porque en ese estado la razón no tiene poder ni capacidad de influir. Eligen apuntar a lo emocional en lugar de al sentido común, al sentido de la practicidad o a aquello que es moralmente correcto. Los sentimientos son difíciles de medir, pesar y contar, y a diferencia de las razones y la lógica, no necesitan más argumentos que el “porque sí” o el “a mí me gusta” para mover voluntades.

      En la película, diseñan la construcción del engaño en una secuencia de niveles. En el primero establecerán la relación con su padre, en el nivel inmediatamente inferior lo alimentarán con la idea de “crear algo por mi cuenta” y en el tercer nivel, atacarán con todo haciéndole creer que “mi padre no quiere que sea él”.

     Cuando estaba viendo la película, me llamó la atención la propuesta y la ejecución de la trama, y en cierto modo, me recordó al encuentro de Satanás y Eva, y cómo la desobediencia de Adán y Eva partió de un ardid, de fijar una creencia, de implantar una secuencia de ideas muy básicas y sencillas: “¿Con que Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Génesis 3:1), para establecer en un segundo nivel, una idea escueta pero contundente que desnudaba de consecuencias negativas la desobediencia: “No moriréis” (Génesis 3:4) y por último atacar con todo alimentando un estímulo positivo: “Serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:5). Todo ventajas.

     El diablo de forma astuta, aprovechó la relación que Dios tenía con Adán y Eva para crear un clima de cercanía con Eva y para ganarse su confianza, haciéndole creer que él también se encontraba en una condición o estatus similar, demostrándole que él también estaba al tanto de las palabras que Dios había dicho. Una vez que consiguió que Eva bajase su guardia, despertó su curiosidad por el árbol prohibido, al tiempo que contradecía la advertencia hecha por Dios en relación con la muerte, y por último, le ofreció un estímulo positivo: Poder ser igual a Dios sin tener que afrontar ninguna consecuencia negativa.

     En nuestros días podemos ver como la humanidad entera, especialmente en la parte occidental, ha sido víctima de una trampa ideada para separar a la humanidad de Dios, y al igual que la película su implantación se produce en el momento de mayor inconsciencia y vulnerabilidad: La niñez. Ya que es una realidad más que palpable ver los esfuerzos de los gobernantes y de los lobbies por tratar de controlar, corromper y adoctrinar a las personas desde su más tierna infancia con ideas que definan el marco sensorial por el que midan la realidad y rijan sus vidas durante el resto de su existencia. Y al igual que en la película, la idea está construida en varios niveles:

  1. Dios no existe.
  2. La única verdad es la ciencia.
  3. Barra libre (1ª Corintios 15:32).

     Bajo estos sencillos peldaños de una escalera a la perdición hay mucha gente que ha construido los cimientos de su vida, sin llegar si quiera a plantearse si es el resultado de una conclusión a la que han llegado de una forma genuina, o si por el contrario están siguiendo las instrucciones de un marco mental que les impide pensar fuera de la caja en la que han sido encerrados.

     En la película, durante el tiempo que dura la implantación de la idea, los conspiradores ponen de fondo el célebre “Non, Je Ne Regrette Rien” de Edith Piaf, para crear un ambiente inmersivo que potencie la idea de romper con el legado de su padre: ¡Hazlo! ¡No te arrepientas de nada!

     Del mismo modo, nuestra sociedad tiene que crear una atmósfera inmersiva para que tu conciencia, tus sentidos, tu espiritualidad sigan cautivos en la ilusión creada a fin de que vivas de espaldas a Dios y no encuentres el camino, sigas sin conocer la verdad y pierdas la vida que vale la pena (Juan 14:6).

     Al igual que en la película, la única solución es rebelarse a ceder a la trampa, y antes de que se complete y produzca sus efectos, despertar: “Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo” (Efesios 5:14).

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