¿Crees que es cierto que vivimos en una sociedad que se levanta sobre un sistema fraudulento porque los votantes premian la mentira y a quienes les engañan y castigan a los que les dicen la verdad que no quieren oír?
El pasado día 25/12/2024 se publicó el episodio 62 del Podcast “Búscate la vida”, del empresario José Elías, que contó con la participación del exlíder del partido político Ciudadanos, Albert Rivera. En un momento dado de la entrevista salió un tema de conversación recurrente y que vuelve a estar de vigente actualidad en España: Las reformas que necesita el país para cambiar a mejor.
Al ser preguntado si los problemas de la ineficiencia burocrática tienen solución, Albert Rivera dijo:
«Yo creo que tendría que haber una voluntad… ¡Pero claro! Tiene que ser una reforma tan grande que el problema es, que son reformas, que quien las plantee piensa que le pueden penalizar en las urnas… Entonces la paradoja es que las grandes reformas pendientes la seguridad social, la sanidad, la administración pública, las pensiones… Si tú dices la verdad…»
La sostenibilidad de las pensiones ¿verdad o mentira?
Albert Rivera continuaba su razonamiento echando mano de su experiencia en primera persona: «Yo también he estado allí y tus asesores y todo el mundo te dicen: Oye si planteamos esto se pueden cabrear los funcionarios, si planteamos esto se pueden cabrear los trabajadores o los empresarios, si planteamos…
Y estás siempre como midiendo todo en vez de pensar las reformas que necesita el país. Las pensiones, por ejemplo, llegó el gobierno actual y las subió nueve puntos cuando los salarios están congelados, cuando la gente joven cobra una mierda… ¡Y estás subiendo nueve puntos a los pensionistas! Pero es que llega la oposición y vota favor. Y tú hablas con políticos de los dos lados del hemiciclo que son amigos y dices:
– ¡Oye! Esto que habéis hecho es insostenible ¿lo sabéis?
– No ya pero… ¡Quién no la sube! ¡Y quién no vota a favor! Porque si no, van a votar al otro.»
La Generación X, los milenials y la Generación Z
La mayoría de personas que han nacido a partir de 1975, están preocupadas por el día a día. El ritmo frenético al que va todo hace que la mayoría de las personas jóvenes y de mediana edad estén más preocupadas de llegar a fin de mes y cubrir sus necesidades. Y aquellos que están más desahogados centran sus energías en cómo planificar su ocio y sus viajes. Unos y otros no tienen ganas de mirar a largo plazo.
Sin embargo, las personas mínimamente informadas, son conscientes de que no están metiendo sus cotizaciones en una hucha propia, y que el Estado está usando ese dinero para pagar las pensiones de los actuales jubilados. Porque el sistema público de pensiones no es un sistema de capitalización sino uno de reparto intergeneracional.
¡Hay que ver lo ingeniosos que son nuestros políticos! Cuando no usan abiertamente la mentira, te sorprenden con la habilidad que tienen para dar una mano de barniz eufemístico a lo que es un sistema Ponzi de manual ¡Vamos! Una auténtica estafa piramidal de las que si la hace alguien en el sector privado (Afinsa, Forum Filatélico…), el promotor acaba preso.
La cuestión es que mientras sean más los que pagan que los que reciben, no habrá problema. Sin embargo, si la pirámide se invierte y son más los que tienen que recibir que los que tienen que pagar, el sistema quiebra. Y a día de hoy esta es la pirámide poblacional de España, que ha pasado de tener forma de pirámide a la forma de un hongo de una explosión nuclear:


Pero la cuestión es que la mayoría de personas que conforman este grupo prefieren no saber, quieren creer la mentira y confiar en que al final alguien solucionará el problema. Así como por arte de magia.
Los que están a las puertas de la ansiada jubilación
La gente que conforma este grupo sólo quiere que nada cambie hasta que ellos también sean pensionistas de pleno derecho. Porque confían que no les afecten las modificaciones a la baja que tengan que hacer los políticos para garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones.
Los cambios en el sistema de pensiones siempre van en el mismo sentido: Ampliación de la edad de jubilación, ampliación de los años de carencia de cotización, reducción del importe de la pensión o ampliación de la diferencia entre el importe máximo de pensión y la base máxima de cotización. En resumen, más años y pagar más para una pensión más baja.
Muchas de estas personas, cuando perciben el runrún político que anuncia una reforma, han estado dispuestas a renunciar a parte de su pensión con tal de acceder de forma anticipada a la condición de pensionista y evitar los efectos negativos de la nueva norma antes de su entrada en vigor. Básicamente, porque estaban convencidos que esperar a su edad ordinaria de jubilación les depararía unas peores condiciones durante más tiempo.
Esto fue muy evidente con la reforma del sistema de pensiones que el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero aprobó en el año 2011 bajo la Ley 27/2011, de 1 de agosto, sobre actualización, adecuación y modernización del sistema de Seguridad Social. Esta ley amplió, con el silencio cómplice de los sindicatos, el periodo de carencia de 35 a 38 años y medio para tener derecho al 100% de la base de reguladora, al tiempo que ampliaba la edad ordinaria de jubilación de 65 a 67 años. A partir del año 2027, habrá terminado el periodo de ampliación gradual y será plenamente efectivo para todos los cotizantes.
Los jubilados
Este grupo está formado por los que están cobrando su pensión. Tienen la percepción de que, como derecho adquirido después de toda una vida de cotizaciones, se la merecen. Y no les culpo de esta percepción porque es lo que les han dicho a lo largo de toda su vida laboral.
La realidad es que si se cogiesen todas las aportaciones hechas a lo largo de la vida laboral y se las diesen al cumplir los 65 años, el importe cotizado sólo le alcanzaría para unos 10 años aproximadamente.
A la mayoría de jubilados no se les puede hablar de insostenibilidad, de falta de nuevos cotizantes o de crisis demográfica e inversión de la pirámide poblacional. A ellos les da igual. No les hables de números a no ser que sea para decirles cuánto se les va a subir la pensión para no perder poder adquisitivo.
Estos también creen que el sistema va a permanecer así hasta que fallezcan. Y para muchos será una así. Sin embargo, otros serán testigos en plena jubilación del colapso del sistema público de pensiones. Una caída del sistema similar al colapso de la Unión Soviética en 1991 o a la Grecia del rescate de 2010, en donde las pensiones se recortaron un 44,2% en el sector privado y un 48% en el sector público.
En fin, todas esas normas que establecían derechos, desaparecieron, y los beneficiarios se quedaron con un pasmo de narices. Desvalidos ante una nueva realidad.
Algunos pueden pensar que el elefante en la habitación son la insostenibilidad del sistema público de pensiones, pero en realidad es más preocupante: Las personas preferimos una mentira biensonante que provoque un efecto balsámico a una verdad incómoda que nos haga despertar a una realidad desagradable.
El elefante en la habitación: La mentira vs. la verdad
En el libro de Reyes hay una escena muy representativa de esta mentalidad que tiene como protagonistas a Acab, rey de Israel, y a Josafat, rey de Judá. Resulta que el rey Acab quería recuperar la ciudad de Ramot de Galaad para su reino, que estaba en manos del rey de Siria y por ellos le propone a Josafat que se le asocie y vayan ambos a conquistar esa ciudad (1ª Reyes 22:3-4).
Josafat responde afirmativamente, pero quiere consultar por medio de los profetas el parecer de Jehová sobre si debe participar o no. Delante de ambos reyes empiezan a desfilar 400 profetas que les decían: «Sube, porque Jehová la entregará en mano del rey» (1ª Reyes 22:6). Otros como Sedequías hacían una rara performance con unos cuernos de hierro mientras decía: «Así ha dicho Jehová: Con estos acornearás a los sirios hasta acabarlos» (1ª Reyes 22:11). Y todos los profetas profetizaban de la misma manera (2ª Reyes 22:12)
Sin embargo, algo no le cuadraba del todo a Josafat y, aunque algunos profetas hacían sus afirmaciones en nombre de Jehová, preguntó al rey Acab: «¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos? (2ª Reyes 22:7).
Esta pregunta está llena de lógica, puesto que tras la ruptura de Israel en dos reinos, el del norte y el del sur; en el reino del norte el rey Jeroboam estableció una nueva religión, para la cual nombró sacerdotes de entre el pueblo que no eran levitas, cambió las fiestas solemnes e indujo al pueblo a la idolatría (1ª Reyes 12:28-33). Josafat dudaba de las «verdades» que le vendían.
El rey que prefirió la mentira a oír la verdad
El rey Acab para complacer a Josafat le dijo: «Aun hay un varón por el cual podemos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla, mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal» (1ª Reyes 22:8). Es decir, Acab odiaba a Micaías porque le decía la verdad y esta no era buena para con él, porque Acab durante sus 38 años de reinado era alguien que se dedicó a hacer lo malo a los ojos de Dios (1ª Reyes 16:29-30).
Así que Acab premiaba a los que le decían cosas bonitas aunque fueran mentira, que a quienes le decían la verdad, aunque les contrariase. Y alguien que premia la mentira y tiene poder, contamina a todos aquellos que tiene como subordinados, porque les está mandando un mensaje claro si quieren prosperar: «miénteme hasta que no haya remedio».
Así vemos como el mensajero del rey que fue a llamar a Miacías, trató de reconvenirle para que fuese lo que fuese lo que tuviera que decirle al rey, hablase en la línea de los otros profetas (1ª Reyes 22:13). Dicho y hecho. Con un tono irónico o burlesco, Micaías profetizó lo mismo que los otros profetas. Tal debió de ser su puesta en escena que Acab, entendió que era una mentira y le recriminó su actitud diciendo: «¿Hasta cuántas veces he de exigirte que no me digas sino la verdad en el nombre de Jehová?» (1ª Reyes 22:16).
¿Quieres verdad? ¡A ver si la aguantas!
Micaías cambió el tono. Se puso serio y sin ambages, le espetó un discurso lleno de verdad al que, claramente un rey familiarizado con la mentira, no estaba acostumbrado:
«Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor; y Jehová dijo: Estos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz. Oye, pues, palabra de Jehová: Yo vi a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda. Y Jehová dijo:
¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro decía de otra. Y salió un espíritu y se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Jehová le dijo: ¿De qué manera? El dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; ve, pues, y hazlo así.
Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti» (1ª Reyes 22:17-23).
Esta respuesta provocó que Sedequías golpease a Micaías y que el rey Acab ordenase que le metiesen en la cárcel y sólo le diesen pan de angustia y agua hasta su regreso triunfal (1ª Reyes 2:24-28).
Abrazar la mentira no evita las consecuencias
El desenlace de la campaña se dio mal para Acab, una mentira repetida cientos de veces cegó su entendimiento impidiéndole reconocer la verdad que había en la profecía de Micaías. Y así llegó puntual a su cita con la muerte. En el campo de batalla y falleció al ser alcanzado por una flecha (1ª Reyes 22:34-38).
Y es que podemos tener a una legión de profetas como tenía Acab, o a un sinfín de tertulianos y políticos que nos regalen el oído y nos mientan conforme a lo que deseamos que pase, que al final la verdad se impondrá de forma incontestable. Sea con las pensiones, sea con lo que sea.
El Señor Jesús le dijo a los judíos la célebre frase de: «conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). Pero eso implica un ejercicio personal de honestidad. De renunciar a la mentira y de querer saber la verdad sin medias tintas.
A algunos de estos judíos les preguntó: «¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra» (Juan 8:43). Es decir, intelectualmente estaban empedernidamente cerrados a la verdad.
En nuestro caso, hay mucha gente ciega a la realidad de las pensiones, del mismo modo que lo estuvo Acab, quien cegado por su ambición, encontró la muerte. O de igual manera que los judíos que no pudieron reconocer a Jesús como el Cristo, ni que el mensaje que portaba era el mensaje de esperanza y salvación del alma: La reconciliación de los hombres con la verdad y con Dios.
Sabré que eres mi amigo y que me quieres si me declaras la verdad aunque me duela, y cuando me digas lo que es necesario por encima de lo conveniente.
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