Una cuestión importante para hacer la voluntad de Dios es reconocer las herramientas que Dios nos da para discernir qué pasos dar, qué camino emprender o qué decisiones tomar. Aparentemente, no parece que resulte fácil saberlo en cada momento. En todo tiempo.
En el artículo anterior vimos que el tiempo no concede una pausa, que la banda sonora que define el ritmo y melodía de la vida no para ni un instante y que, queramos o no, estamos obligados a bailar, y a ser posible a ritmo. Y qué mejor manera de bailar la vida que hacerlo con su compositor, con Dios, con la pareja de baile idónea. Él es quien puede decir qué pasos dar para que descubramos para qué fuimos creados, y así el baile se disfrute más que se sufra.
La dificultad de elección ante la variedad
Y es que la vida es también comparable a un supermercado lleno de distintas marcas que ofertan un mismo producto. 30 tipos de geles y champús, 10 marcas distintas de arroz que contienen, por lo menos a simple vista, exactamente lo mismo. ¡Qué difícil se hace a veces escoger ante tanta variedad!
Esto es solo un reflejo de nuestra sociedad, que es plural: diversas culturas mezcladas, distintas maneras de vestir, múltiples formas de pensar y de actuar… Y esa pluralidad ha acrecentado el relativismo imperante: ya no existe una verdad absoluta, existen únicamente verdades relativas al contexto y a la situación. Por lo que dos cosas opuestas, dos afirmaciones que se contradicen… pueden ser verdad. Nos conformamos con decir que todo es según el color del cristal con que se mira, y nos quedamos tan anchos.
Algunos dirán que esta manera de pensar ha abierto los ojos al ser humano, ha dado luz al entendimiento, le ha permitido ver que existe una gran diversidad y que es buena, que cualquiera puede estar en lo cierto en su manera de pensar y de actuar.
Mismos pasos, mismo camino
Nuestra sociedad se parece mucho a aquella que se encontró el apóstol Pablo al llegar a Atenas, donde se mezclaban distintas corrientes filosóficas (epicúreos y estoicos), y diversas religiones. Tanto es así que cuando llega Pablo, están también dispuestos a escucharle, queriendo saber lo que trae, conocer su mensaje y, por qué no, adoptarlo para sí. Incluso tenían un altar dedicado al Dios no conocido, por si tenían que dar cabida a alguno más.
Pero la Biblia nos dice todo lo contrario: explica que la sociedad que se encontró Pablo en Grecia, tan parecida a la nuestra, no vivía en luz sino en tinieblas. Si eso es así, ¿Cómo guiarnos en medio de las tinieblas? ¿Qué pasos dar? ¿Hacia dónde dirigir nuestros pies cuando se nos presentan tantos caminos?¿Cómo diferenciar lo bueno de lo malo, la verdad de la mentira, en medio de la oscuridad? Porque no todo vale. Podemos y debemos afirmar que existe la verdad y la mentira, lo bueno y lo malo.
La Palabra de Dios es la que contiene la verdad y nos permite discernir la mentira: “De tus mandamientos he adquirido inteligencia; Por tanto, he aborrecido todo camino de mentira”, dijo el Salmista. La Biblia es la única que puede arrojar luz para guiar nuestros pies y alumbrar nuestro camino. “Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:104,105). Esa es la herramienta que nos da Dios, el compositor de nuestra vida, para pisar suelo firme en cada uno de los pasos que demos. Y tú, ¿qué decides, vivir en luz o en tinieblas?
Espero que la falta de tiempo, o de valor, no te impida darte cuenta de que hoy todavía estás a tiempo de tomar decisiones presentes con implicaciones eternas.
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