Quién no tiene personalmente un problema con la vivienda, seguro que tiene hijos, familiares o conocidos que no acaban de encontrar una casa para hacer un hogar, o teniendo una, se las ven y se las desean para sobrevivir en este mercado de altos precios y salarios que parecen insuficientes o estancados.
Por poner un ejemplo, voy a citar tres titulares de prensa, que son reveladores:
«España es el cuarto país de la UE con una edad de emancipación más alta» (Onda Cero 17/07/2024)
«La construcción de vivienda acelera ya a niveles de 2008 pero los precios suben al ritmo más alto en 18 años» (ElMundo 07/03/2026)
«Montse Cespedosa, experta en vivienda: “Solo el 0,5 % del suelo en España está listo para construir” (Heraldo 06/03/2026)
Es innegable que el runrún creciente con todo lo que tiene que ver con la vivienda ha explotado recientemente con el caso de Maricarmen. De la noche a la mañana, el gobierno descubrió que había un problema con la vivienda… Tan sólo hicieron falta 272.000 desahucios y una convocatoria electoral para la que era «mucho importante» hacer deprisa y corriendo dos reales decretos en la Diputación Permanente.
Al gobierno socialista de Pedro Sánchez le pareció bien frivolizar con el problema y diseñar una performance política para movilizar a sus partidarios, capitalizar la indignación y transformarla en votos. Así que empezaron a señalar a los «malvados» propietarios de viviendas, y demonizar en particular a la empresa responsable del desahucio de Maricarmen: Urbagestión. Una empresa familiar cuyo parque de viviendas en propiedad asciende a la escandalosa cantidad de una única vivienda fue el centro de las iras.
Y digo frivolizar, porque no tuvieron ningún reparo en poner a su portavoz Montse Mínguez a defender el derecho a la vivienda, cargar contra los arrendadores o contra los que tienen más de una vivienda. Tenía que ser, precisamente, ella cuya pareja tiene un holding inmobiliario, Nest Capital, con más de 30 inmuebles, que además ha practicado tantos desahucios como ha creído conveniente.
Es el eterno dilema del fariseo. Saben lo que está bien y lo que está mal, ponen una vara de medir al resto que ellos no se aplican y y practican una falsa preocupación y compasión cuando la verdad es que sólo son un medio para su verdadero fin.
Al final, Montse Mínguez tuvo que dimitir porque las redes sociales habían explotado y la hipocresía se había viralizado. La cosa ya no sólo se limitaba a ella sino también a otros diputados socialistas multipropietarios como:
- Óscar Puente o Felix Bolaños (4 viviendas cada uno)
- María Luz Martínez Seijo o Vicent Manuel Sarriá Morell (5 viviendas)
- Pepe Mercadal Baquero (6 viviendas)
- Diego Taibo Monelos (9 viviendas)
- María Mercé Perea i Conillas (13 viviendas).
El problema no es tener varias viviendas si se han obtenido lícitamente, el problema de fondo radica en la dejación a la hora de construir viviendas por parte de aquellos que se han arrogado la responsabilidad pública de hacerlo, la hipocresía a la hora de señalar culpables y la manipulación.
Las principales causas del problema de la vivienda
Sin duda es un problema serio y profundo. Y como pasa siempre, cuando estamos ante un gran problema, pretender solucionarlo como por arte de magia por medio de reduccionismos, resulta ingenuo. Porque las cosas, cuando afectan a tantos intereses contrapuestos, suelen ser bastante más complejas…
- Por un lado tenemos el derecho de propiedad, por otro lado está la necesidad de techo.
- Tenemos las cuatro patas de un banco que forman la inseguridad jurídica, la regulación de precios, la expropiación y la okupación.
- El tándem que forman la falta de suelo para construir y la burocracia de la administración.
- Por otro los enormes impuestos que se pagan por la vivienda que pueden llegar hasta a un 33% del precio.
- Por otro lado están los fondos de inversión que especulan con el suelo o las urbanizaciones. Que siendo un ítem real, no deja de ser un porcentaje residual en un país de propietarios como es España.
- Por otro están las viviendas que se usan para oficinas o para alquiler turístico.
- Están los que prefieren tener un piso vacío que ponerlo en alquiler ante el miedo que le dejen de pagar y no pueda echar a un inquilino moroso o a que le destrocen el piso.
- Por otro lado, la enorme cantidad de personas que demandan una vivienda en los mismos lugares —las ciudades— y que hacen que la oferta no alcance y suban los precios:
- Los jóvenes que quieren emanciparse
- Los millones de personas venidas de otros países que vienen para quedarse
- El aumento de divorcios y de familias rotas que han dejado de compartir una vivienda y ahora necesitan una cada uno.
- Por último, la precariedad laboral y los bajos sueldos hacen que alquilar o comprar una casa suponga mensualmente casi el salario íntegro del mes.
Como se puede ver, el problema es multicausal y no tiene una solución sencilla. Sin duda habrá otros factores que estén rondando la cuestión y agrandando el problema, porque esta no es una lista cerrada.
La experiencia de Jesús con la vivienda
Cuando pensaba en este tema, me vino a la cabeza cómo Jesús fue alguien que no tenía un lugar fijo para vivir, que a menudo dependía de la hospitalidad de otros. Y pensé que si alguien podía entender lo que implica no tener un lugar donde resguardarse, ese era justamente, Jesús.
Porque la Biblia nos dice que Jesús desde su nacimiento ya encontró dificultades de acomodo. Nació en Belén de Judea en donde no había lugar para él ni para su familia en el mesón. Y su primera cama fue un pesebre, lo que viene a ser el cajón de madera donde se echa la comida de los animales (Lucas 2:7).
Siendo todavía un bebé, Jesús y sus padres tuvieron que abandonar su hogar por la persecución de Herodes el Grande y huir a Egipto (Mateo 2:14-15), en donde tendrían que empezar de cero. Desaparecida la amenaza, regresaron de Egipto, pero al saber que reinaba Arquelao en Judea, José decidió ir al norte y la familia se estableció en Nazaret (Mateo 2:22).
Así que después de vivir, prácticamente toda su infancia y juventud en casa de sus padres, con una relativa estabilidad no exentas de movilidad, Jesús comienza su ministerio de forma itinerante, casi como un «nómada», yendo de acá para allá por toda la región de Galilea, Judea y Samaria. Significativa es la conversación que se produce entre Jesús y una persona que quería seguirle, y vemos cómo le dice: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza» (Mateo 8:20).
Una vez más podemos ver en Jesús a alguien que compartió plenamente la experiencia humana y puede comprender nuestras necesidades. Sentir que él se encarnó y se envolvió en toda la problemática humana y la vivió en primera persona, y que sabe cuáles son nuestras necesidades y nuestra angustia ante las mismas.
La promesa de moradas celestiales
En el Sermón del Monte, Jesús habla del afán y la ansiedad (Mateo 6:25-34) que producen las necesidades. Resulta curioso comprobar que no incluya la vivienda. Habla de la comida, de la bebida y del vestido. Pero no dice nada de la vivienda. ¿Y esto por qué será?
Pues porque la morada que Jesús quiere para nosotros no es terrenal sino celestial. No una casa temporal que se levanta sobre principios y certezas efímeras, sino sobre verdades eternas. Es por ello que cuando anuncia su partida hacia el Padre, le dice a sus discípulos: «En casa de mi Padre muchas moradas hay; […] voy pues a preparar lugar para vosotros […] para que donde yo estoy, vosotros también estéis» (Juan 14:2-3). ¡Qué curiosa la falta de sitio que hay aquí y que resulte que en Jesús haya sitio para todos!
Y esto nos lleva a la conclusión del Sermón del Monte. Jesús invita a todo el auditorio a que cada uno edifique su casa de forma sabia. Los hay que únicamente viven la vida para las preocupaciones materiales y por otra parte están aquellos que construyen su vida reteniendo las palabras de Jesús y viviendo por fe sobre la roca que es Cristo. El fundamento firme sobre el que podemos edificar nuestra vida.
Pero mientras estemos aquí, bien haríamos en aplicarnos las palabras del apóstol Pablo cuando escribió a los tesalonicenses invitándolos a que procurasen «tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera, y no tengáis necesidad de nada» (1ª Tesalonicenses 4:11-12).
Alguien puede decir: ¡Muy bonito todo! Pero sigo teniendo el problema de la vivienda. Y yo te diría: Dios sabe de qué cosas tienes necesidad, y él proveerá de todo lo necesario para vivir.
Esto no quiere decir que nos dé lo que queramos cuando queramos y dónde queramos. Simplemente que Dios no es ajeno a nuestras circunstancias y que vivimos por su gracia, sea aquí o en cualquier otro lugar. Así que busca el Reino de Dios y su justicia, y él te cuidará. Es una promesa.
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