El mensaje a la iglesias
Rosa Herránz
14 - Mayo - 2024

     El libro de Apocalipsis, capítulo 1 y vers. 10 y 11 nos dice: “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia, y Laodicea.”

     El Mensaje a las Siete Iglesias contiene una enseñanza tremendamente valiosa en lo que se refiere a la vara de medir el desenvolvimiento de las congregaciones. Esa parte del libro de Juan desprende un pragmatismo riguroso para evaluar y calibrar en qué defectos podemos estar incurriendo nosotros hoy en día.

     Para no extenderme mucho, haremos escala solamente en tres de las siete iglesias.

El mensaje a Éfeso

     El Señor le reconoce una serie de cualidades grandes a dicha iglesia, en el cap. 2, vers. 2, le dice: “Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia…”; en el vers.3 ..”y has trabajado arduamente por amor de mi nombre y no has desmayado”. Y a continuación en el vers. 4: “pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”.

     Vemos con total claridad que Dios tiene en cuenta lo que se ha hecho bien, así como el esfuerzo aplicado en esa tarea, pero no se le pasa nada por alto, pues han perdido la ilusión, la rutina ha apagado el entusiasmo del periodo anterior y el Señor les dice a los de Éfeso de entonces, como lo puede decir también a muchos creyentes de hoy, que percibe decaimiento y eso no le gusta. Para Dios no cuenta solamente lo que hacemos, sino también, y mucho, cómo lo hacemos.

     ¿Tenemos hoy iglesias en situación semejante a la de Éfeso….? Pues yo diría que las hay, incluso añadiría que desde el Siglo I no ha dejado de haberlas.

     Algo que lamentablemente vemos a menudo en muchos matrimonios, también puede darse en medio de las congregaciones y ocurre cuando nos relajamos y bajamos la guardia. Si no asistimos a la reunión de culto, a la de oración o a la de estudio, con la ilusión de aquella lejana primera cita amorosa, es mala señal. Eso que el Señor llama dejar el primer amor, se puede hacer de muchas formas diferentes.

     No es insólito encontrar iglesias enfrascadas en buscar un cochecito para el niño de X, regularizar la documentación de P., buscar un piso más grande y más económico para C., así como conseguir una pensión de incapacidad para L. Son congregaciones que acaban funcionando como pequeñas Ongs. de campaña y en las que a menudo lo urgente les hace perder de vista lo importante. Además, ejercen un efecto imán sobre parientes y amigos de sus miembros, es decir que, apenas van solucionando esos problemas inmediatos de unos, se amplia la lista de peticiones con otras de nuevos allegados. Recalando en ellas muchos que solamente van de paso.

El mensaje a la iglesia de Pérgamo

     Aquí en el versículo 14 del capítulo 2 de Apocalipsis se les dice: “Pero tengo unas pocas cosas contra ti: tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación”, Y en el versículo 15 les dice: “Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la cual yo aborrezco”.

     Gracias al Libro de Números conocemos la historia de Balaam, en cambio sabemos mucho menos sobre en qué consistía exactamente la doctrina de los nicolaítas. Pero todo indica que eran personas de costumbres corruptas, y bien podemos deducir que esa iglesia se había convertido en un cajón de sastre, donde cabía de todo, aunque fuese escasamente recto y ortodoxo.

     Es una clara advertencia a que no conviene meter interpretaciones variopintas en un mismo saco, puesto que en ese caso la sana doctrina puede contaminarse y acabar desviándose toda la congregación.

     Por otra parte, el mensaje a la Iglesia de Pérgamo da mucho qué pensar en cuanto a que también contiene una advertencia a una iglesia cuyos miembros, por decirlo de una manera coloquial, “pastelean” a sus anchas con las costumbres y las corrientes de opinión que en cada momento son las mayoritarias en el mundo que las rodea. Y como declara el versículo 14, el problema no es que estén fuera, sino que permanecen “ahí”, o sea dentro de la iglesia.

     Aquí el libro de Juan nos dice que conviene estar ojo avizor, cribando de vez en cuando si es necesario, y no caer en el error de evitar mirar, para de esta forma no ver y en consecuencia no actuar.

     Cada uno de estos mensajes a las iglesias de Asia, extensible a las de todo tiempo y lugar , acaba con: “El que tiene oído, oiga..”, y por analogía se desprende que teniendo ojos, también miremos y veamos.

El mensaje a la iglesia de Laodicea

     El capítulo 3 del Libro de Apocalipsis acaba con el mensaje a Laodicea, había motivos para dejarla para el final, toda vez que era tremendamente anodina, así en el vers. 15 leemos: “Yo conozco tus obras que ni eres frio, ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente”.

     Es la única iglesia de la que no se menciona ninguna cualidad, el resumen de su conduzca se limita a la tibieza…..

     En el campo de la política un partido que se autodenomine “moderado”, es aquel que pretende quedarse en tierra de nadie, equidistante de los demás. Y tiende a ser absorbido y rebasado por los de su derecha y por los de su izquierda, puesto que se   limitará a dar pasos de funambulista sobre un cable, que cada vez se hace más estrecho, por tanto se les considera tibios. Sabemos que de la antigua ciudad de Laodicea solo quedan algunos vestigios arqueológicos, y gran parte de la misma permanece soterrada, pero eso no es óbice para que hoy en día existan muchos a los que se les podría aplicar el gentilicio de “laodicianos”, por su marcada tendencia a no definirse en ningún aspecto que implique determinación y compromiso.

     Y esa conducta que en el plano político se convierte en presa fácil de otras facciones, en una iglesia tiene consecuencias mucho más graves. Vemos en el vers. 16 del mismo capítulo que les dice :”Pero por cuanto eres tibio, ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.” Ninguna de las otras iglesias, a los ojos de Dios, merecía unas palabras tan duras y, precisamente esa, que se sentía tan segura porque era rica y de ninguna cosa creía tener necesidad, no sabía que espiritualmente era la más pobre de todas. El Señor aquí nos está advirtiendo del peligro de confiar nuestra seguridad en las cosas del mundo, claro está que no cita explícitamente los planes de jubilación, ni el vivir pendiente de cuidar nuestra salud, ni tampoco menciona la volatilidad del mercado bursátil, con alertarnos sobre lo incierto que es todo aquello que el mundo se empeña en mostrar como garantía presente o futura, ya nos dice más que suficiente.

     Y termina el capítulo diciendo de nuevo: “el que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.

     ¡Señor no permitas que hagamos oídos sordos!

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